La energía magnética tiene influencia en todo el Universo. Su principal función es mantener el justo equilibrio entre fuerzas planetarias y el orden en el espacio exterior.
Como una de las cuatro principales fuerzas de la naturaleza, el electromagnetismo es de máxima importancia para la vida. Es tan grande su importancia, que la clasificación de las sustancias, realizada por las Ciencias Físicas, se basa en la relación que ellas tengan con el magnetismo. Todo lo que existe en la Tierra será «ferro«, «para» o «diamagnético«, según sea atraído, acompañe o rechace al magnetismo.
La Magnetoterapia es el término que identifica a todos los tratamientos en los que se aplica el magnetismo. La Biomagnética se diferencia de otras terapias porque aplica imanes portables, de campo fijo, invariable. El Biomagnetismo es un evento natural, inherente a la vida misma.

Los estudios sobre campos magnéticos se han ocupado de la comprensión del origen atómico y molecular de las propiedades de la materia. El Físico, Paul Langevin presentó su teoría sobre la variación de la temperatura debida a la estructura atómica de la materia y fue ampliada por Pierre Ernst Weiss, quien concluyó sobre la existencia de un campo magnético interno, molecular, en los materiales como el hierro. Niels Bohr desarrolla una teoría sobre la estructura atómica, explicando por qué el magnetismo aparece en los elementos de transición, como el hierro, en los lantánidos (tierras raras) o en compuestos que incluyen estos elementos. El físico alemán Werner Heisenberg continuó luego con sus estudios sobre el campo molecular.

Podemos establecer un paralelismo entre el fenómeno de producción del magnetismo terrestre (originado por los movimientos de metales líquidos en su núcleo) y la producción del magnetismo biológico originada por los movimientos de cargas – electrolitos – en sus fluidos orgánicos. Tanto en la Tierra como en el cuerpo se genera el electromagnetismo por movimiento de líquidos. En la muerte, ya no hay movimiento de fluidos, no hay generación de calor (producto del choque de electrones) y se desactiva el campo magnético porque se frena el transporte de cargas.
El metabolismo celular utiliza energía electromagnética que va consumiendo durante todo el día. El organismo recupera la energía gastada tomándola del cerebro, a través del sistema nervioso para recargar las células. Si el proceso falla o la resistencia individual es baja, se producen lesiones en los tejidos biológicos.

Las células vivas dependen de las señales eléctricas generadas por cambios en el flujo de los iones cargados. Cuando los “canales” por los que circula la energía eléctrica biológica (Sistema Nervioso Periférico) están interferidos, se produce el desorden y la pérdida de comunicación entre los mensajeros bioquímicos.
El riego sanguíneo disminuye por efecto de las interferencias en el paso de la energía nerviosa y se genera un doble problema. Por un lado, se desaprovechan las hormonas que transporta la sangre para impulsar las funciones orgánicas y por el otro, los productos de desecho que la linfa debe retirar quedan atrapados, produciendo putrefacción y necrosis del tejido.

La aplicación de los imanes actúa sobre los campos bioeléctricos interferidos (cicatrices, secuela de fractura, contracturas crónicas). Los imanes de baja inducción en contacto con la piel, sobre dichas alteraciones, impulsa el movimiento de cargas eléctricas y revierte el mecanismo interferente.

La Terapia Biomagnética actúa sobre las terminales nerviosas, sin provocar molestias a pesar de tratarse de un estímulo eléctrico. Es un sistema terapéutico que actúa sobre la bioelectricidad, conduciendo nuevamente la energía por sus canales naturales. Es conocida como la terapia de la longevidad saludable.

Graciela Pérez Martínez
Fundadora y Directora
del Centro de Estudios “Círculo Azul Camet”

 

 

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